Animar con las pequeñas compras
El día que pasamos fuera coincidimos con la feria medieval de Rubielos de Mora. La coincidencia (ni sabíamos qué nos íbamos a encontrar allí) nos encantó, porque está realmente bien organizada.
Estuvimos un par de horas recorriendo las calles y mirando los puestos.
Hicimos algunas pequeñas compras, que yo... le animé a hacer, con buena cara e ilusión... Y es que mi sentido excesivamente práctico, en general, me impide gastar dinero (aunque sea poco) en artículos inservibles, así que intenté "limarlo" para que no sea excesivo: fue sencillo hacerlo y el resultado muy bien.
Nunca he impedido activamente una compra, pero es diferente que se vea una cara de "¿eso para qué?" que una de "¡pues sí que es bonito!", además de que tanto la rosa de jericó, como la vela, como el recipiente para velitas eran muy monos.
Por mi parte me llevé unos anacardos garrapiñados. Creo que también era un detalle necesario.

Absurda dijo
Muy bonita esta página sobre detallismo, sí señor. Yo también estoy a favor de los detalles en las relaciones sentimentales. Quiero decir que si un hombre no es cuidadoso para conmigo en ciertos aspectos, nunca podré amarlo. Además, hay algunos detalles que me conquistan sobremanera. Por ejemplo, el detalle de que mi pareja me permita comprar tampones marca Tampax en lugar de los del Mercadona, que tampoco están mal del todo pero, joer, que no es lo mismo y todo el mundo lo sabe, me parece un acto de amor en estado puro e inocente. Esto viene muy a cuento con la entrada sobre la feria artesanal y las compras de artículos varios por parte de la pareja de quien escribe este magnífico blog.
Otro detalle que considero indispensable es el hecho de que mi pareja me avise antes de soltar una ventosidad. Es agradable saber que el cónyuge se acuerda de una con frases como «ahí va otro vientecito, cariño» o «este es para ti, espero que salga tan hermoso como mi amor por ti, churrita mía» antes de sentir un estruendo desconocido. Yo, por mi parte, valoro mucho esto.
Otro detalle que me encanta se basa en la elaboración, por parte de mi pareja, de huevos rellenos de marisco. Es una plato que odio, pero me gusta ver cómo lo elabora durante varias horas y como, sólo por amor a mí y pese a que se trata de su comida predilecta, los lanza desde un metro y medio de distancia, uno por uno, al interior de la taza del báter (de mármol de Carrara, a ser posible).
Y por último, otro detalle destacable es el siguiente: me encanta que mi pareja se meta en la boca los huesos de las aceitunas que previamente he comido yo (me encantan estos frutos saladas e intensos) para darme a entender lo mucho que me quiere. Y si, además, con la boca llena de pipos, chochos o chuchos a más no poder, y los mofletes hinchados como sacos de arena me canta al oído «Laura no está, Laura se fue, Laura se escapa de mi vida», mejor que mejor. La traca final, sin duda.
Qué cosas, los detalles...
31 Agosto 2005 | 10:09 AM